Leishmaniosis canina: síntomas, diagnóstico, tratamiento y prevención
Leishmaniosis canina: síntomas, diagnóstico, tratamiento y prevención
La leishmaniosis canina es una enfermedad causada por protozoarios del género Leishmania. No existe una sola forma de leishmaniosis: diferentes especies del parásito circulan en distintas regiones y pueden producir cuadros clínicos diferentes.
En perros, Leishmania infantum es la especie de mayor importancia mundial porque puede provocar una enfermedad multisistémica que afecta piel, ganglios linfáticos, ojos, articulaciones, médula ósea y riñones. En América también se han identificado otras especies en perros, entre ellas L. braziliensis y L. mexicana, que pueden asociarse con manifestaciones diferentes, especialmente cutáneas.
¿Cómo se transmite?
La vía epidemiológicamente más importante es la picadura de flebótomos infectados, pequeños insectos hematófagos diferentes a los mosquitos comunes. La hembra se alimenta de sangre y puede transmitir formas infectantes del parásito entre hospedadores.
Para L. infantum también se han documentado otras vías, como transmisión vertical de la madre a los cachorros y, de manera menos frecuente, transmisión asociada con sangre infectada. Sin embargo, el ciclo vectorial continúa siendo el eje principal de la enfermedad en regiones donde existen flebótomos competentes.
¿La leishmaniosis existe en México?
Sí, pero el riesgo no es uniforme en todo el país. En México se han documentado distintas especies de Leishmania y existen zonas con transmisión humana y animal. Estudios en la península de Yucatán han encontrado evidencia de exposición o infección por Leishmania en perros, mientras que otros trabajos han identificado serorreactividad en regiones adicionales.
Estos datos no deben interpretarse como que todos los perros de México tienen el mismo riesgo. La especie circulante, el vector, el ambiente y la epidemiología local son importantes para interpretar un resultado positivo.
Infección no es lo mismo que enfermedad clínica
Este es uno de los conceptos más importantes. Un perro puede estar infectado por Leishmania y permanecer subclínico, sin signos ni alteraciones relevantes. Otros perros desarrollan enfermedad progresiva.
Por eso, una prueba serológica positiva por sí sola no debe interpretarse automáticamente como “el perro está enfermo”. Las guías actuales recomiendan integrar signos clínicos, alteraciones de laboratorio, magnitud de la respuesta de anticuerpos y pruebas que demuestren infección.
¿Qué síntomas puede presentar un perro?
La leishmaniosis visceral o multisistémica por L. infantum puede producir una amplia variedad de signos:
- Pérdida de peso y disminución de masa muscular.
- Letargo o menor tolerancia al ejercicio.
- Ganglios linfáticos aumentados de tamaño.
- Lesiones cutáneas, descamación, alopecia, úlceras o nódulos.
- Crecimiento excesivo o deformación de las uñas, llamado onicogrifosis.
- Lesiones alrededor de ojos, orejas o prominencias óseas.
- Conjuntivitis, uveítis u otras alteraciones oculares.
- Epistaxis o sangrado nasal en algunos pacientes.
- Dolor articular, cojera o poliartritis.
- Fiebre en algunos casos.
- Aumento de sed y orina cuando existe compromiso renal.
Los signos dermatológicos son frecuentes, pero la enfermedad no debe considerarse solamente un problema de piel.
¿Por qué el riñón es tan importante?
La enfermedad renal es una de las complicaciones más relevantes y puede influir directamente en el pronóstico. La respuesta inmunitaria frente al parásito puede favorecer la formación de complejos inmunes que dañan los glomérulos y producen proteinuria.
Por ello, la evaluación de un perro con sospecha de leishmaniosis debe incluir urianálisis y, cuando esté indicado, relación proteína:creatinina urinaria (UPC), además de creatinina, urea y otros marcadores de función renal.
Si quieres conocer más sobre el seguimiento renal, consulta nuestra guía de enfermedad renal crónica en perros.
¿Qué alteraciones pueden aparecer en los análisis?
Dependiendo de la fase y gravedad pueden encontrarse:
- Anemia, frecuentemente no regenerativa.
- Hiperglobulinemia.
- Hipoalbuminemia.
- Relación albúmina:globulina reducida.
- Proteinuria.
- Azotemia cuando existe compromiso renal.
- Trombocitopenia o alteraciones leucocitarias en algunos pacientes.
Ninguno de estos hallazgos es exclusivo de leishmaniosis, pero el patrón completo puede aumentar la sospecha clínica.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico ideal combina varias herramientas:
- Exploración clínica completa: piel, ojos, ganglios, articulaciones y estado corporal.
- Hemograma y química sanguínea: para valorar anemia, proteínas y función orgánica.
- Urianálisis y UPC: fundamentales para identificar proteinuria y daño renal.
- Serología cuantitativa: mide anticuerpos anti-Leishmania y ayuda a interpretar la magnitud de la respuesta humoral.
- PCR: detecta ADN del parásito; la sensibilidad depende del tejido analizado y de la carga parasitaria.
- Citología o histopatología: en ganglio, médula ósea, piel u otros tejidos puede demostrar amastigotes compatibles con Leishmania.
Un diagnóstico robusto no debe apoyarse únicamente en una prueba aislada cuando el cuadro clínico no es compatible.
¿La SNAP 4Dx detecta Leishmania?
No. La SNAP 4Dx utilizada habitualmente para Ehrlichia, Anaplasma, Borrelia burgdorferi y Dirofilaria immitis no es una prueba para leishmaniosis.
Una 4Dx negativa, por tanto, no descarta Leishmania. Si existe sospecha epidemiológica y clínica deben solicitarse pruebas específicas.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende de la especie implicada, la gravedad, la función renal y la disponibilidad de medicamentos en cada país. En la leishmaniosis canina por L. infantum, protocolos frecuentemente utilizados incluyen antimoniato de meglumina combinado con alopurinol o miltefosina combinada con alopurinol.
Estos tratamientos pueden mejorar de forma importante los signos clínicos y disminuir la carga parasitaria, pero no garantizan una curación parasitológica completa. Las recaídas pueden ocurrir y algunos perros requieren seguimiento prolongado.
El alopurinol tampoco es un medicamento inocuo cuando se utiliza durante largos periodos: puede favorecer la formación de cristales o cálculos de xantina, por lo que el tratamiento debe acompañarse de seguimiento veterinario y ajustes dietéticos cuando sean necesarios.
¿Se deben tratar todos los perros que dan positivo?
No necesariamente. El consenso veterinario internacional actualizado en 2025 recomienda que los fármacos con actividad anti-Leishmania no se utilicen automáticamente en perros infectados que permanecen subclínicos. Estos animales necesitan valoración y seguimiento, pero el tratamiento debe individualizarse.
La decisión depende de signos clínicos, alteraciones clinicopatológicas, serología, carga parasitaria y estado renal.
¿Es una zoonosis?
Sí. Leishmania infantum tiene importancia zoonótica y los perros constituyen un reservorio relevante en su ciclo epidemiológico en numerosas regiones.
Esto no significa que una persona se infecte normalmente por acariciar o convivir con un perro positivo. La transmisión zoonótica habitual depende del vector flebótomo. Por ello, reducir el contacto del perro con el vector tiene beneficio tanto veterinario como de salud pública.
El papel del perro como reservorio es mucho más claro para L. infantum que para otras especies de Leishmania que pueden infectar perros en América.
¿Cómo se previene?
En regiones donde existen flebótomos vectores, la prevención busca reducir las picaduras:
- Utilizar repelentes o insecticidas veterinarios con eficacia demostrada contra flebótomos y adecuados para la especie.
- Reducir la exposición exterior desde el atardecer hasta el amanecer en zonas de alta transmisión.
- Utilizar mallas finas o barreras físicas cuando sea posible.
- Evitar acumulaciones de materia orgánica húmeda cerca de las áreas donde duermen los perros.
- Realizar vigilancia veterinaria en perros que viven o viajan a regiones endémicas.
- Evaluar cuidadosamente a donadores de sangre cuando exista riesgo epidemiológico.
Existen vacunas contra la leishmaniosis canina en algunos países, pero su disponibilidad varía y ninguna elimina por completo el riesgo. Incluso un perro vacunado necesita medidas contra los vectores cuando vive en una zona de transmisión.
¿Qué significa para un perro que viaja?
La historia de viajes es fundamental. Un perro que ha vivido o viajado a una zona endémica puede manifestar enfermedad meses o incluso años después. Por eso, ante lesiones cutáneas crónicas, hiperglobulinemia, proteinuria o enfermedad renal inexplicada, conviene informar al veterinario sobre viajes previos.
Leishmaniosis y enfermedad de Chagas: no son lo mismo
Ambas son enfermedades protozoarias de importancia zoonótica, pero tienen ciclos y manifestaciones diferentes. Leishmania se transmite principalmente por flebótomos y puede causar enfermedad dermatológica, renal y multisistémica. La enfermedad de Chagas, causada por Trypanosoma cruzi, se asocia especialmente con triatominos y puede producir miocarditis y cardiomiopatía.
¿Cuándo debe buscarse atención veterinaria?
Solicita evaluación si un perro con residencia o viajes a zonas de riesgo presenta pérdida de peso inexplicada, dermatitis crónica, uñas excesivamente largas, ganglios aumentados, alteraciones oculares, epistaxis, cojera, aumento de sed/orina o proteinuria.
La identificación temprana de daño renal es particularmente importante porque puede modificar tanto el tratamiento como el pronóstico.
Mensaje final
La leishmaniosis canina es una enfermedad compleja: un resultado positivo no equivale automáticamente a enfermedad clínica, distintas especies de Leishmania tienen diferente importancia y la epidemiología cambia de una región a otra. El diagnóstico correcto combina clínica, laboratorio y pruebas específicas, mientras que el seguimiento renal es una parte esencial del manejo.
Fuentes y referencias
- World Association for Veterinary Dermatology: consensus statement and evidence-based clinical practice guidelines for canine leishmaniosis, 2025.
- Companion Animal Parasite Council: Leishmaniasis, actualización 2025.
- Canine leishmaniasis in the Americas: etiology, distribution and epidemiological role of dogs.
- Serological evidence of exposure to Leishmania spp. in dogs from rural Mérida, Yucatán, Mexico.
Imagen principal: amastigotes de Leishmania donovani dentro de un histiocito en médula ósea canina, utilizada únicamente como referencia morfológica del género. CDC/Dr. Francis W. Chandler, Public Health Image Library, dominio público.
Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un médico veterinario. El diagnóstico y tratamiento deben individualizarse para cada paciente.
